viernes, 16 de mayo de 2008

Terrassa

Que conste que la entrada de hoy está escrita con todo mi cariño y con todo mi respeto, y si a alguien le ofenden algunas de las frases siguientes, lo siento, pero se ofende muy fácilmente. No es mi intención insultar ni descalificar a mi ciudad vecina, pero sí que quiero volcar algunas reflexiones de mi cabeza al blog, para seguir haciendo sitio.

Terrassa, aunque llevo relativamente poco tiempo yendo a la universidad, se ha convertido ya en un nuevo escenario de otro de los actos que conforman mi vida. Muchos de los últimos compases de mi vida han tenido lugar las calles de esta ciudad extraña, que da para muchísimas reflexiones. En esta ciudad he pasado grandes momentos, pero también de los peores de mi vida no demasiado lejos de donde he vivido los buenos. El singular edificio de la Mútua de Terrassa me lo seguirá recordando cada día que vaya y vuelva a la uni.

Terrassa es extraña, llena de curiosidades. En esta ciudad regalan las llantas de aleación. En ningún sitio (excepto Mónaco) he visto tantos coches con tantas llantas de aleación tan chulas como se ven en esta ciudad. Los BMW campan a sus anchas y especialmente los de Serie 7 parecen tener toda la preferencia de paso. Además, es curioso que en la calle Colón, sólo mujeres conducen cochazos.

En Terrassa los pasos de cebra no existen para los conductores (y que conste que no lo digo solo yo) y cruzar la calle, en aquellas que no hay semáforo, a veces se convierte en un deporte de riesgo. Aunque si quieres emociones fuertes, sólo tienes que entrar en la Cafetería del Campus donde por el "módico" precio de 6,95 € (creo recordar) te sacuden el menú del día. Como comprenderéis, desde que el Campus cambió de dueño, no hemos vuelto a ir por ahí.

Los deportes de riesgo no terminan aquí. Sólo tienes que coger una bici en el Ambicia't de la UPC. Sólo quitar el cadenado será toda una experiencia. Vale, pongamos que has conseguido liberar la bici. La siguiente actividad es el eslálom de viandantes en el carril bici de la Av. Jacquard. Es curioso ver cómo la acera de esa parte de la calle está desierta mientras que los peatones circulan por el carril bici con total impunidad. Una vez pasado el puente del parque de Vallparadís (del cual hablaremos después) llegarás a la plaza de la Mútua y ya luego te metes en el territorio comanche que es la calle de la Font Vella a las 7 de la tarde.

Cuando cojas una bici, una multitud de peatones sordos los que van en tu dirección y ciegos los que vienen en contra tuya se echarán a la calle para obstruirte tu paso. Chicas cabizbajas que no levantan su cabeza hasta que te paras en seco ante ellas, abuelas con sonotone, grupos de personas cogidas de la mano que ocuparían la 5ª Avenida, niñ@s descarriados, cochecitos de bebé que aparecen a velocidad suicida de los portales de las tiendas, vallas que por la mañana no estaban, etc. Un mundo aparte.

La estación de FGC también es un mundo paralelo donde la gente es aficionada a subir por las escaleras no-mecánicas y gente con ganas de que le miren mal obstruye el carril izquierdo de las escaleras mecánicas. Son los típicos que después recogen uno de los periódicos arrugados que hay tirados a la entrada, justo en el sitio donde por la tarde una panda de breakdanceros hace sus piruetas.

Otro punto caliente (más bien frío) de la ciudad está en el parque de Vallparadís, en el punto de las obras de la nueva estación de FGC. ¡No hay abuelos mirando las obras! Es increíble, es la primera obra de cierta magnitud en la que no veo señores de la tercera edad comprobando los progresos que los obreros hacen cada día. Inaudito. Que conste que los estudiantes del campus sí que echamos un vistazo cada día a las obras. Van a buen ritmo para cuando terminemos la carrera (o sea que imagínate).

Los autobuses también son producto de otro planeta, pero para bien. Comparados con los antiguos buses de Rubí, son una limusina. Pantallas de televisión donde puedes ver la próxima parada a la que llegas, indicadores por todas partes, marquesinas con información, planos de la red... un lujo, al menos acostumbrado a lo que tenemos 8 kilómetros más abajo.

Ciudad extraña en la que se ven más senyeres i estelades que en Rubí, donde el independentismo tiene bastante más relevancia que en Rubí y en la que el hockey-hierba y no el fútbol copa las portadas de los periódicos locales.

Y mañana volveré.

[Nota: esta mañana he pasado por las obras de los FGC a la 1 del mediodía. Sí que había abuelos lo que indica que en Terrassa (y supongo que en toods lados), los yayos se levantan más tarde que los estudiantes de ingeniería industrial.]

[CANCIÓN DEL DÍA = "Aquí No Pasa Nada" de M-Clan, bonus track de "Defectos Personales".]

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